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Fiesta Nacional de la Chaya

Tipo de evento:   Fiestas nacionales
Destino:   LA RIOJA (pcia. de LA RIOJA)
Fecha de inicio:   13/02/2010
Fecha de fin:   21/02/2010
Mes:   Febrero
Año tras año, un significativo caudal de turistas se acerca a una de las festividades más características de La Rioja. La Chaya es una de las celebraciones populares más relevantes del país y, a su vez, una muestra de la fusión de culturas que opera en La Rioja.
 
Se celebra en distintas localidades en febrero. Calles pobladas por coloridos desfiles, que expresan la celebración de ritos ancestrales, marcan uno de los episodios más característicos de las festividades riojanas. La Chaya está muy ligada al Carnaval porque se corresponde con las tradiciones europeas que se fusionaron en esta tierra.
 
La Chaya era un antiguo rito diaguita, asimilado luego de la conquista con el Carnaval, consistente en agradecerle a la Pachamama o Madre Tierra las bendiciones que ésta ha otorgado. Este agradecimiento se llevaba a cabo en coincidencia con los festejos de las cosechas.

Aunque la protagonista principal del rito no es la Pachamama misma, sino otra deidad, precisamente llamada Chaya. Diosa de la lluvia y el rocío, su leyenda cuenta que se trataba de una joven muy hermosa. Enamorada perdidamente del semidiós Pujllay, y sin poder hacer realidad su amor, se internó en la cumbre de la montaña donde se convirtió en nube.

Cada año, para darle una mano a la Pachamama, la nube vuelve para alegrar la tierra y mojar con su rocío las flores del cardón. Imprescindible como es la lluvia para las cosechas abundantes, la celebración de este episodio tomó el nombre de la diosa que aporta el agua tan codiciada.

En cada barrio de la ciudad se repite la figura del Pujllay, el esquivo objeto de amor de la Chaya. Caracterizado como un héroe ridículo, se lo presenta a través de un muñeco de trapo que preside la algarabía popular y cuyo destino es irremediablemente una hoguera. Es que, al atardecer de la última noche de la fiesta, es incinerado al son de la música de vidalas y de la característica caja chayera.

En cada pueblo, las calles se llenan de gente para los tradicionales topamientos de agua, harina, vino y albahaca. Comparsas a caballo recorren las calles, deteniéndose en cada casa,
mojándose mutuamente con agua y empolvándose unos a otros con harina de maíz. Los barrios son tomados por los bailes, con cantos y vidalitas hasta altas horas. Pero la ceremonia central es el llamado domingo del Pujllay, cuando dos personas deciden convertirse en compadre y comadre a través del topamiento, acercamientos festivos que protagonizan los participantes.
Adornada con flores, globos y gallardetes, la calle principal muestra un arco donde se realizará el encuentro. Dos grupos de participantes llevan albahaca, ya sea en ramilletes o como coronas, acompañando a los que van a toparse. En cada puño, llevan harina. Al grito de "¡Chaya!", se abalanzan unos sobre otros, en un alegre encuentro al son de las vidalas.

Cuando faltan poco menos de cincuenta metros para su encuentro final, las comadres empuñan los tambores y cantan la vidalita del Carnaval, que acompaña esos últimos pasos. Bajo el arco, todos bailan para celebrar el deseado choque del Cumpa y la Cuma, como si cumplieran con el imposible deseo de la Chaya. Todos arrojan agua y harina para celebrar.

Llega entonces el momento de la coronación, consistente en recubrir las cabezas de los dos protagonistas principales con albahaca y flores. Aquí aparece otro personaje, la Guagua, un muñeco realizado en masa que luego comen todos los asistentes a la fiesta para acompañar un buen vaso de vino.


La concurrencia canta, un poco ensordecida por tambores y petardos. Todos se tiran harina, agua y serpentinas, mientras que las coronas de los topados son un trofeo tan deseado como comestible.
Además del espectáculo folklórico que tiene lugar por las noches en “El Puquial”, se hacen presentes la poesía, la artesanía, la danza y la gastronomía regional.La fiesta recién empieza, y no terminará hasta bien tarde, cuando en alguna casa ya no quede voz para entonar vidalas.



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