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Excursión a Cráter Corona del Inca y Laguna Brava (La Rioja)

Tipo de excursión:   De aventura
Tipo de turismo:   turismo aventura

Excursión a Cráter Corona del Inca y Laguna Brava

Realizar esta expedición es el anhelo máximo de todo apasionado del turismo de aventura en La Rioja. Y para cumplir esta meta es necesario tener en cuenta cada detalle: neumáticos y motores puestos a prueba, handys en frecuencia, cámaras de oxígeno preparadas y, sobretodo, el cuerpo y el espíritu dispuestos a trepar a más de 5500 metros de altura sobre el nivel del mar. El punto de partida son los pueblos de Vinchina o Alto Jagüe, y el destino final este cráter que es la cima de una antigua montaña que, por una actividad volcánica se desplomó sobre sí misma, formando un “hoyo” de 5 kilómetros de diámetro. La expulsión de cenizas creó una especie de anillo donde el agua del deshielo de los penitentes que rodean la cima se depositó en el centro, formando una laguna azul de dos kilómetros del largo por uno de ancho y 350 de profundidad.

 

Así, el cráter Corona del Inca contiene un lago de aguas color azul zafiro que justifican una expedición de máxima dificultad por la cordillera riojana, sorteando encrucijadas de piedras y ríos de arena volcánica. La excursión es un extenuante viaje través de un campo traviesa con arena volcánica que dura no menos de 7 horas.

 

Desde La Rioja Capital a Laguna Brava hay 450 km transitando por la Ruta nacional 38 hasta Patquía y luego la Ruta nacional 150 hasta el cruce con Valle Fértil. Se continúa por ruta provincial 26 atravesando la ciudad de Villa Unión y los pueblos de Villa Castelli y Vinchina.

 

La excursión se puede hacer desde La Rioja capital, pero es algo cansador. Lo ideal es dormir en la ciudad de Villa Unión (Hotel Pircas Negras www.pircasnegras.com.ar) o en el pueblo de Vinchina (Hotel Corona del Inca).

 

A Laguna Brava se llega con una excursión dirigida por un guía experto en la zona (es imposible ir por cuenta propia). Por lo general las agencias de viaje ofrecen el transporte, el guía y la comida, y salen con dos vehículos para mayor seguridad. Se comienza temprano en la mañana y se regresa al atardecer.

El sitio conforma una oferta turística alternativa, su gran distancia a los grandes centros poblados, su particular geografía y altitud hacen que la presencia de visitantes sea en bajos números.

 

El tipo de actividades que ofrece abarca modalidades como Birdwatching, Safaris Fotográficos, Montañismo y Overlanding.

 

Tan deslumbrante como la meta final de este viaje, es el camino que conduce hacia ella. Si se sale desde Vinchina, la primera parada del trayecto es en la Quebrada de la Troya, una cuesta de ripio donde se ve el perfil de una pirámide natural casi perfecta, formada por el desprendimiento de una gigantesca placa de piedra sobre la ladera de la montaña.

 

Luego aparece en el camino el pueblo de Alto Jagüe, donde desde hace décadas, en los días de lluvia, la reseca y única calle del pueblo se convierte en el lecho de un irregular río que ha ido cavando dos barrancas, uno a cada costado de la calle. Como resultado, al transitar por la vía se ve a los lados una pared de tierra que mide entre dos y tres metros de altura. Y arriba están las casas, todas de adobe y que alguna vez estuvieron a la altura de la calle, a las que se llega subiendo por unos peldaños cincelados en la tierra. En la puerta de algunas casas cuelgan ramitos de “ruda macho” para ahuyentar a los envidiosos, según la creencia popular. Y a veces las ráfagas de un viento zonda levantan una nube de polvo que hace desaparecer al pueblo por unos instantes.

 

Por la Ruta provincial 26, que atraviesa la cordillera, se sigue hacia el paso internacional Pircas Negras. Dejando atrás el pueblo de Alto Jagüe, se asciende por las suaves lomadas de la quebrada Santo Domingo hasta llegar a la "Quebrada del Peñón".

 

Continuando por la Quebrada del Peñón se sube hasta los 4350 metros, donde la vegetación desapareció  por completo y el suelo pasó a estar cubierto por millones de piedritas de vivos colores.

 

A la orilla de la ruta puede divisarse una curiosa construcción circular de paredes de piedra y argamasa (mezcla de cal y tierra) de 5 metros de diámetro por 3,50 de altura. Su arquitectura, similar a la de un iglú, termina en una cúpula con una pequeña abertura en la parte superior. Se trata de uno de los trece refugios de la zona construidos entre 1864 y 1873 para albergar a los arrieros que conducían ganado a Chile durante la guerra de ese país contra Perú y Bolivia, por los desiertos de Atacama y Tarapacá.

 

Al final de la quebrada por un desvío de la ruta, el viaje prosigue por una huella de ripio, sobre las lomadas de arena hasta la Laguna Brava. Se trata de un amplísimo valle con una laguna en el centro, cuyo espejo de agua azul zafiro acoge alrededor de medio centenar de flamencos rosados, inmóviles dentro del agua frente a una playa de sal.

Allí, un viento helado sacude sin pausa a la escasa vegetación, compuesta por algunos molles y coirones secos de color dorado. A la orilla de la playa los flamencos dan la bienvenida al viajero, y ofrecen como resultado un paisaje de belleza tal, que si el viaje terminara aquí ya todo visitante se daría por hecho.

El viaje continúa sin mucha dificultad por una suave pendiente hasta llegar a la Pampa del Veladero, y a esta altura, sumergidos en un valle desértico, no se ve ninguna forma de vida aparente. Pero a la derecha del camino aparece una de las postales más asombrosas del recorrido: en una extensa ladera se levantan millares de penitentes, unos filosos montículos de hielo que a pesar del calor del verano mantienen su forma puntiaguda.

A partir de este punto comienza la ascensión más exigente. El único lugar para seguir avanzando es el lecho del río Veladero que desciende con poco caudal. La huella por donde se transita sube encajonada entre dos paredes de roca, y se debe franquear el río en tres o cuatro oportunidades hasta llegar a la orilla más plana. Se sigue avanzando hasta un amplio lecho de arena húmeda que puede dificultar el avance de las 4x4, pero con un empujón de los aventureros turistas podrá seguirse el camino.

Más adelante se abandona el río para hacer un desvío de unos 500 metros hacia el noroeste y desde el vehículo puede verse la cima de un gigantesco cordón montañoso que rodea la caravana. El guía les indicará, los cerros Veladero y Bonete, dos gigantes que rondan los 6500 metros de altura, que parecen acechando el valle por donde se transita, y varios grupos de penitentes aparecerán de manera espaciada para deleite de los viajeros. Se continúa el viaje hacia la cumbre nevada del cerro Piscis que se presenta de frente, el cual con sus 6882 metros, que lo convierten en el segundo pico más alto de América, eclipsa con facilidad a sus vecinos.

El camino continúa por unas lomadas de arena, a 5.500 metros sobre el nivel del mar. En un giro de 360 grados finalmente se descubre la cumbre de Corona del Inca. Las camionetas trepan con dificultad el filo de la montaña, y de repente aparece el resplandor de los glaciares que encierran un cráter rodeado de picos y montañas de un promedio de 6500 metros de altura. Las lomadas rodean, como una corona de hielo, un lago de aguas azules que burbujean sin explicación aparente.

Llegar a la cima del cráter Corona del Inca es ingresar a un universo de colores, cubierto por kilométricas planicies de ceniza negra, coladas de basalto y túneles de lava desplomados, que constituyen un verdadero tesoro geológico.

Al bajar de la camioneta, el desafío inicial es descender a pie unos dos kilómetros hasta la orilla de la laguna. A simple vista, el lago semeja la confluencia del agua del deshielo de los penitentes que rodean la cima de la montaña, acumulándose en la parte central del cráter. Su profundidad es de 350 metros y no hay ninguna forma de vida aparente debido a la baja temperatura de sus aguas.

La vastedad del cráter puede confundir la noción de las proporciones. La laguna parece cercana, pero la caminata sobre la arena lleva más de una hora. Finalmente se llega al centro de la caldera, junto a la laguna, al pie del cerro Piscis. En ese punto, estará parado frente a uno de los paisajes más hermosos y extraños de Argentina, en el centro de una descomunal caldera con forma de anfiteatro, donde por contraste reina la paz más absoluta.

Para realizar esta expedición es necesario contar con el apoyo especializado de las empresas riojanas que brindan el mejor equipamiento y servicios tales como asistencia logística, provisión de oxígeno, alimentación de alta montaña, traslados en vehículos 4 x 4, Guías y orientación con GPS, comunicación ínter-vehicular con handies y equipamiento de rescate. El éxito de la expedición dependerá de las condiciones climáticas del día, el estado general de las personas y de los vehículos; dada las condiciones de dureza de la misma, no es recomendable para menores de 12 años ni para personas de edad avanzada o salud delicada. Se requiere óptimo estado físico y aptitud para la altura.

 

Es obligatorio notificarse en el Cuerpo de Guardaparques de Laguna Brava antes de emprender el viaje. La mejor época para llegar al lago es desde el mes de octubre y hasta el mes de abril.


 

 

 

Destinos:  
VILLA UNION (pcia. de LA RIOJA)
Atractivos:  
Laguna Brava (La Rioja)
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