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Sitios arqueológicos en La Rioja

Tipo de excursión:   Cultural

 

 

Sitios arqueológicos en La Rioja

 

A lo largo de todo el territorio riojano han sido encontrados casi sin necesidad de excavar una larga serie de enterratorios indígenas, petroglifos, pucarás y pinturas rupestres de las culturas Ciénaga, Aguada, Diaguita e, indirectamente, Inca. Estos restos son la marca de un pasado indígena que forma parte de la esencia y el patrimonio cultural de la Rioja.

El conocimiento de nuestros antepasados implica conocer y apreciar los modos de vida y los rastros que nos han dejado las civilizaciones anteriores, que teniendo en cuenta las limitaciones tecnológicas de la época, demostraron tener un alto nivel cultural y de inteligencia que sorprende a las generaciones actuales.

A través de este circuito recorreremos La Rioja a través de la mirada de sus antepasados, yendo directamente a sus moradas, y buscando sus rastros para lograr conocer sus modos de vida.

Los antiguos habitantes de La Rioja dejaron sus huellas en cuevas y aleros de montaña que utilizaron como vivienda, depósito y enterratorio para sus muertos. Además se sirvieron de grandes paredones verticales y rocas a cielo abierto para dejar numerosos grabados cincelados en la piedra que en arqueología se conocen como petroglifos. Asimismo supieron construir sólidas defensas de piedra donde atrincherarse ante las invasiones que servían para cuidar los poblados. Estas eran conocidas como pucarás, que en casos como el de los indios Quilmes, en la provincia de Tucumán, fueron totalmente infranqueables para los españoles con sus armas de fuego, quienes tuvieron que esperar a los indios se rindiesen por hambre y sed.

En La Rioja existen numerosos pucarás, sobre todo en la zona de acceso a los valles donde se encontraban los poblados indígenas, y servían como vigilancia. Los que se encuentran en mejores condiciones –aunque derrumbados— y con un relativamente fácil acceso para visitarlos son un total de cuatro. El primero es el Pucará de la Puerta de la Quebrada, en la zona posterior del Dique Los Sauces, en Barrio Cochangasta. Otro es el Pucará de Hualco, ubicado en un hermoso paraje de fácil acceso en el Departamento de San Blas. Luego está el Pucará de Bañado de los Pantanos (Arauco), levantado hace 500 años y que fuera el epicentro de una sublevación indígena en el 1600. Por último mencionaremos la Fortaleza Indígena de Cerro El Toro, ubicada en Villa Castelli, Dpto. De Gral. Lamadrid, que es una construcción militar del siglo VII donde se encontraron petroglifos aún no descifrados.

 

ARQUEOLOGÍA EN CHILECITO

Justo detrás del actual cementerio chileciteno, existen vestigios de lo que fueron las construcciones de una sede del curacazgo más austral del Imperio Inca, cuyos límites llegaron hasta el norte argentino. Se dice que también en este lugar estableció su vivac el español Ramírez de Velasco atraído por los relatos de las fabulosas riquezas de oro y plata que los pobladores de la zona explotaban.

Dentro del Departamento de Chilecito, en la localidad de San Nicolás, se encontró una estrella o calendario diaguita. Pero acaso el sitio más interesante de visitar en todo el departamento es el famoso Perfil del Inca, ubicado en la Quebrada de Paluqui, en la zona de Los Colorados. Al llegar a este lugar al pie de las Sierras del Velasco, pareciera que la noche anterior hubiese ocurrido un gran derrumbe, con lajas de arcilla desperdigadas por el suelo. En ese contexto se levanta una enorme roca con 10 metros de diámetro cuya forma natural se asemeja al perfil de una cabeza humana. El contexto de paredes arcillosas le ha valido al lugar ser bautizado popularmente como Talampayita, pero lo más asombroso son los centenares de enigmáticos petroglifos tallados en la roca que se encuentran a su alrededor. Entre los grabados se distinguen imágenes de flores, centenares de pequeños pies, manos, flechas, aves y la figura de un brujo que se repite varias veces. Se cree que este es un importante centro ritual de las antiguas culturas que poblaron la zona.

 

EL ARTE RUPESTRE

En el Cañón de Talampaya, en un área conocida como Los Pizarrones, hay algunas muestras de lo más elaborado del arte rupestre en toda la provincia. Los grabados en la pared prefiguran formas antropomorfas (humanas), zoomorfas (animales como guanacos, zorros y suris) con algunas escenas de sacrificios y signos astrales como el sol. La más llamativa es una escena de caza colectiva con muchos individuos persiguiendo a sus presas. También en Talampaya hay una serie de petroglifos de misterioso significado.

Pero el arte rupestre se encuentra desplegado a lo largo de toda la provincia. En el paraje La Peña de Nacate, Departamento de F. Quiroga, hay dibujada una cabeza de cacique rodeada de rayos. En Anzulon, Departamento. Gral. Ocampo, hay una flor de seis pétalos y una persona manipulando un látigo frente a un animal que amenaza con embestirla. En Villa Casana los grabados de la cueva Casa de Piedra representan distintos animales, una mano de seis dedos, un gran zorrito de 70 x 85 centímetros de alto y un lagarto de similares proporciones.

 

LOS ENTERRATORIOS INDÍGENAS

Encontrados por lo general en la cima de cerros y montañas, los enterratorios conformaban una parte fundamental del ritual indígena de nuestros antepasados. Uno de los más llamativos está en la localidad de Miranda, departamento de Chilecito, donde se hallaron huesos no articulados de muchos individuos, acompañados por un ajuar mortuorio con piezas metálicas que tienen entre 1500 y 2000 años de antigüedad.

En la zona de la cordillera, en los alrededores de Laguna Brava, hay varios enterratorios ubicados en lo que era parte del llamado Camino del Inca, que unía todo el imperio. Además hay santuarios religiosos como la plataforma ceremonial encontrada casi intacta en lo alto del volcán Veladero. Allí había también un bastón y unas trenzas de 900 años de antigüedad.

 

LAS ESTRELLAS DIAGUITAS

En el extremo noreste del pueblo de Vinchina hay unas extrañas formaciones de 10 metros de ancho con forma de estrellas de doce puntas. Están dibujadas en el suelo, a la vera de la ruta nacional 76, y rellenadas y coloreadas con canto rodado de color rojo, azul, negro y blanco. En total son cinco estrellas construidas aparentemente por aborígenes diaguitas o quizás de la cultura Aguada, hace unos mil años, acaso como un calendario de cosechas. Algunas han sido restauradas, y otras lamentablemente ya no tienen reparación por el estado en que llegaron a nuestros días.

 

PETROGLIFOS EN VILLA UNION

Nuestro recorrido por lo más representativo de la arquitectura riojana termina en los petroglifos del paraje conocido como La Isla, a 7 kilómetros de Villa Unión. Aquí hay una larga serie de petroglifos que, según los arqueólogos, es probable que hayan sido realizados por un grupo de notables como ser sacerdotes, caciques y hechiceros de la cultura Ciénaga (año 200 al 400 d.C) o quizás de la Aguada (año 500 al 800 d.C). La cantidad de grabados supera el centenar de figuras de ñandúes, felinos y diversos signos y figuras geométricas cuyo significado es desconocido.

Olvidándonos de todo racionalismo, nos permitiremos creer que los milenarios petroglifos de La Isla pueden haber sido el primer intento (fallido) de los habitantes de estas tierras por expresar de manera escrita la necesidad de comunicarse con sus semejantes, tanto presentes como futuros. El mensaje llegó a nuestros días, y en el camino del tiempo se perdió su significado. Por lo pronto, lo recibiremos con sumo respeto, como una carta abierta a los hombres futuros.

 

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